DELITOS DE ODIO EN CÓRDOBA

        He recibido con gran satisfacción, tanto para mi representado como para mí, una Sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal nº 4 de Córdoba, en la que mi cliente, denunciado por Delito Continuado Contra la Integridad Moral, ha resultado absuelto.

        Dicha denuncia fue interpuesta por el camarero de una céntrica cafetería contra tres personas, vinculadas a otro próximo establecimiento de hostelería, con la que tenía una previa y grave enemistad por competencia profesional ajena a la discriminación objeto del pleito; y aun reconociendo que dicha mala relación iba a influir en su declaración, manifestó que sufrió insultos homófobos por su condición sexual y de forma reiterada.

        No quiero entrar en profundidad en los hechos, pero sí resaltar algunas incongruencias reconocidas en el cuerpo del texto, tales como rectificaciones caóticas en las que primero no se recuerdan los insultos y luego sí, o la aparición de mi patrocinado como autor en la fase de instrucción y luego su “desaparición” en la fase de juicio, padecimientos psíquicos inferidos a consecuencia de esta grave y continua situación, aunque tuvieran su origen antes y por otras causas desencadenantes (como explicó en la vista oral, sufrió un desengaño amoroso) o no aclarar el motivo por el que se interpuso la denuncia por hechos tan graves más de un año después de su ocurrencia.

     Coincido con la Juzgadora en que el motivo base de este pleito es el de un enfrentamiento en un contexto de gran animadversión y de enemistad, por el simple hecho de una malentendida competencia entre negocios de hostelería que se encuentran próximos entre sí, que da lugar a situaciones de hostilidad, en las que los insultos responden a otras expresiones soeces, siendo la degradación de carácter muy leve, por lo que no se pueden clasificar los hechos como constitutivos de un delito de odio como el que el denunciante pretende.

        La jurisprudencia del Tribunal Supremo señala que los dos ejes sobre los que pivota la conducta penal objetiva descrita en el artículo 173.1 del Código Penal son el infligir a una persona un trato degradante y el causarle con ello un menoscabo grave a su integridad moral. Con respecto al concepto de trato degradante, la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo viene definiendo como aquellos tratos que pueden “crear en las víctimas sentimientos de temor, de angustia y de inferioridad, susceptibles de humillarles, de envilecerles y de quebrantar en su caso su resistencia física y moral”
El Tribunal Constitucional afirma al respecto que los tres comportamientos absolutamente prohibidos por el art. 15 CE (torturas, tratos inhumanos y tratos degradantes) se caracterizan por la irrogación de “padecimientos físicos o psíquicos ilícitos e infligidos de modo vejatorio para quien los sufre y con esa propia intención de vejar y doblegar la voluntad del sujeto paciente). Tales conductas constituyen un atentado “frontal y radical” a la dignidad humana, “bien porque cosifican al individuo, rebajándolo a un nivel material o animal, bien porque lo mediatizan o instrumentalizan, olvidándose de que toda persona es un fin en sí mismo”.

        Por último, como elementos de este delito se han señalado los siguientes: a) un acto de claro e inequívoco contenido vejatorio para el sujeto pasivo del delito; b) un padecimiento físico o psíquico en dicho sujeto; y c) un comportamiento que sea degradante o humillante e incida en el concepto de dignidad de la persona afectada por el delito. Y en cuanto al resultado exige el precepto que el trato degradante menoscabe gravemente la integridad moral, lo que excluiría los supuestos banales o de menor entidad.

        Estos requisitos no concurren en el presente caso, como sentencia la juez, ya que no se trata de actos graves ni continuos de carácter vejatorio, ni inciden, como dice la víctima, en su condición sexual, limitándose la actuación de los encartados a insultar, sin más, y a contestar insultos proferidos de contrario.

        Parto de un principio básico en toda relación humana, que es el respeto mutuo y la absoluta reprochabilidad de cualquier conducta vejatoria que afecte a la dignidad humana, pero también de la escrupulosa aplicación de la presunción de inocencia, pilar de nuestro derecho.
FRANCISCO JAVIER CALDERÓN ROMERO
ABOGADO DE CÓRDOBA

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